• Publicado: 06 Jan 2015

  • Archivado en: México, Opinión

Sobre Cuarón

Al menos el éxito y talento de Alfonso Cuarón no lo han alejado de sus raíces mexicanas. Como la gran mayoría de mis co-nacionales, el cineasta insiste en culpar a otros por sus omisiones.

Como ya todos sabrán, el director “retó” al Presidente a que le contestará 10 preguntas sobre la Reforma Energética, mismas que le fueron aclaradas unos días después por medio del fiel soldado del presidente, Luis Videgaray.

El problema con todo este espectáculo es que tiene por todos lados síntomas de la tipica quejumbrosa política mexicana.

Para empezar, no es responsabilidad, aun y cuando no está de más, del ejecutivo explicar las reformas que promulga siempre y cuando todo ciudadano tenga acceso a su representante. Es más, para eso se supone que está el Congreso.

Todas las preguntas que hizo el ciudadano Cuarón se pueden contestar simplemente buscando el decreto en el Diario Oficial de la Federación o inclusive entrando al sitio oficial que habilitó la Presidencia, dónde se pueden consultar todas las iniciativas de leyes secundarias.

La realidad es que a Cuarón, como a muchos mexicanos, simplemente les da flojera meterse en los detalles. Es válido, no hay suficientes horas en el día para trabajar y leer cada fragmento de ley que sale del Congreso, pero eso no es culpa de nadie más que uno mismo.

En la respuesta a la respuesta a la respuesta, Cuarón argumenta también que los medios,

principalmente la televisión, jugaron un papel pobre negándose a promover y alentar un debate público, evitando las voces críticas y limitándose a reproducir la narrativa oficial”

Los medios pueden y deberían poder reproducir la narrativa que se les antoje. Ahora, si no estas de acuerdo, no veas Televisa o incluso organiza un boicot.

La realidad es que si realmente tuvieras interés de seguir de cerca el debate energético existe el canal del Congreso y muchísimos medios de análisis serios como el Instituto Mexicano de la Competitividad, que lleva ya años publicando estudios sobre el tema.

En una sociedad democratica funcional, no necesitaríamos esperarnos a que pasen las reformas en el Congreso para después decir que “nadie nos dijo”. El Congreso existe solamente para eso: debatir, hacer todas las preguntas que gustes a quien gustes y presionar para que la Reforma se apruebe o no.

La idea de quejarnos de que no hubo debate es como el niño que tras romper el jarrón se escuda en que nadie lo estaba supervisando. Ya estuvo bueno con culpar a otros por nuestra falta de cultura democrática.