• Publicado: 06 Jan 2015

  • Archivado en: Internacional, Macroeconomía

Predial e I.V.A

Los rumores sobre la muy esperada reforma fiscal ya llegaron. El primero de tales, y el que tiene más potencial para ser devastador en términos políticos, es que el gobierno de Enrique Peña Nieto planea cobrar I.V.A en algunos alimentos y medicinas, según reportó Reuters el viernes.

La batalla pues, parece comenzar por donde todos pensamos que comenzaría: en los falsos discursos de la “canasta básica” y demás demagogia de políticos mexicanos que ya conocemos.

Sin embargo, el asunto del I.V.A en alimentos y medicinas no es el unico, y por mucho ni el más importante componente de lo que debería ser una reforma fiscal “integral” en nuestro país (y que en teoría tiene una alta probabilidad de pasar a ser ley).

Primero, el hecho de que (según los rumores) la iniciativa este considerando incrementar todavía más los impuestos sobre la renta a los contribuyentes ya registrados es decepcionante, inmoral y francamente políticamente tonto. Los que pagamos impuestos ya lo hacemos a tasas parecidas a países de primer mundo, cuando no recibimos servicios ni cercanos a ese nivel.

El problema del sistema fiscal mexicano siempre ha sido su pequeña base. La realidad es que muchos mexicanos (desde 30 a 65% de los trabajadores, dependiendo de la estimación que uses) simplemente no pagan un peso de impuesto a la renta. Lo anterior nos lleva a que obviamente el gobierno depende tremendamente de Pemex y que además recauda poco en proporción al PIB. Es simple aritmética.

La solución es relativamente obvia: mejora la relación costo-beneficio a favor de la formalidad. Haz que convenga más, desde el punto de vista económico, estar registrado y pagando impuestos ante el SAT. Al menos, intenta que la balanza no este totalmente cargada a favor de la informalidad. Sin embargo, incrementar las tasas de los que si pagan impuestos tiene el efecto contrario: hace todavía menos atractivo ser un trabajador formal y más atractivo buscar maneras de “esquivar” al fisco.

Otro problema es que la recaudación esta concentrada a nivel federal, dando poco que perder a los políticos locales. Como menciona The Economist, una de las mejores formas de cobrar impuestos es el predial, pues se trata de un impuesto local, fácil de recaudar, que distorsiona relativamente poco a la economía, progresivo (para los que les importa eso) y además trae externalidades positivas como un desarrollo urbano mucho más eficiente en las ciudades y políticos con incentivos para mejorar su ciudad (con el fin de recaudar más impuestos). En México, en cambio, el predial es un impuesto que recauda increíblemente poco. Cualquier intento serio de reformar el sistema fiscal mexicano debería comenzar por ahí

Segundo, impera también una idea absurda en los políticos de este país en que se debe recaudar más per se. Salvo pocas excepciones, se ha escuchado poco sobre lo que se debe hacer para mejorar el gasto que ya se hace hoy. Subsidios absurdos, programas anticuados e ideológicos y un grado nada despreciable de corrupción se llevan cada año una buena porción de los impuestos que pagamos. ¿Por que no hay una discusión seria sobre el manejo de los recursos públicos hoy en día (especialmente en los estados)?

Por otro lado, desde el punto de vista político, no tiene sentido comenzar la batalla por el I.V.A en alimentos y medicinas. Esa está perdida desde que el mexicano tiene en su psique la idea de la pobreza extrema. Una propuesta de reforma inteligente reduciría las tasas de impuesto a la renta en los niveles más bajos con el fin de incrementar la base, dependería de la recaudación a nivel local para todos los asuntos locales y establecería candados mucho más eficientes para que el gasto se use de manera eficiente.

El “nuevo” I.V.A simplemente no se contemplaría, pues se trata de un tema marginal y con potencial para acabar con todo de un jalón (de acuerdo con el CIEP, en términos de recaudación, el I.V.A en todos los productos actuales solamente aporta 15.7% del total de los ingresos presupuestarios).

La guerra por la reforma fiscal apenas comienza y es cierto que no hemos escuchado aun los argumentos o la idea del gobierno federal, pero si se trata de un refrito de pasados intentos de “reformar” al sistema disfrazado de más impuestos a los cautivos, este gobierno no merece el adjetivo de “reformista”.

El riesgo a seguir por el mismo camino no es menor. Como en un libro de Ayn Rand, algún día los Atlas del país que cargan con las responsabilidades fiscales de todos pueden decidir retirarse de este juego que llamamos México.