• Publicado: 09 Jun 2015

  • Archivado en: Monterrey, Elecciones

Apuntes post-electorales

Primero, un fragmento de un interesante libro…

The pattern of the organisation followed the pattern established by law for election purposes. There was a ward leader, a precinct captain for each precinct, and a block leader for every square block within the precinct. The precinct captain was the first person who called on newcomers to the neighbourhood, who saw that their water was connected, gas and electricity turned on. Coal in winter, food, clothing and medical attention were all provided by the organisation to whoever was in need at no charge, and as those benefitting from such help would remember fondly, the system involved no paperwork, few delays, no stigma of the dole. […]

All that was expected in return was gratitude expressed at the polls on election day. And to most of his people this seemed little enough to ask and perfectly proper. Many, too, were happy to be “repeaters”, those who voted “early and often” on election day. The woman who worked in the hospital laundry, as an example, started as a repeater at age eighteen, three years shy of the voting age, and enjoyed every moment. She and several others would dress up in different costumes for each new identity as they were driven from polling place to polling place in a fine, big car. […] She would vote at least four or five times before the day ended. “Oh I knew it was illegal, but I certainly never thought it was wrong”[…]

They hired and controlled the road overseers, as well as road gangs, county clerks, and other employees numbering in the hundreds. They could also determine who was awarded county contracts, and for the county road system, such as it was, there seemed a never-ending need for maintenance and repairs.

Parece que hablamos de un partido populista, en un país tercermundista como México, pero se trata de las tácticas que usaba el Partido Demócrata en Missouri, E.U. a principios de los 1920’s, cuando comenzaba la carrera política de Harry Truman (que, con ese mismo partido y casi seguramente bajo tácticas similares, sería el Presidente de Estados Unidos algunos años después).

Escribo lo anterior para ilustrar que la política no se hace en base a ideales o moralidad, sino en base a estrategias que ganan elecciones y que permiten la “gobernabilidad”.

Resulta evidente que hoy en día ningún partido serio en Estados Unidos intentaría una campaña así y no porque sus dirigentes se han vuelto más inteligentes, limpios o moralmente superiores sino por que perderían la elección.

Gradualmente en Estados Unidos se fue forjando una transformación en la manera de votar hasta llegar a lo que alabamos hoy como “ciudadanía”.

En la medida en que creció la economía y la población se hizo más rica, la relación de está con su gobierno cambio. Salvo excepciones puntuales, a mayor ingreso, mayor se tiende a pagar en impuestos y eso significa que los votantes ya no buscaban una “ayudita” sino un administrador de la riqueza que le transferían.

Al menos en lo que puedo observar en Nuevo León, estamos ante un cambio parecido.

No pienso que el Bronco represente un cambio mágico hacía las candidaturas independientes. No creo en que impulsará a un presidente independiente o que morirán los partidos.

Tampoco confío en que tendremos un gobierno totalmente “ciudadano”, dónde no exista ningún interés oculto o que de pronto toda la población se va involucrar en la política u organizaciones civiles.

Más bien, lo que parece haber cambiado es la manera de votar, principalmente en dos sentidos: ya no se vota a favor o en apoyo (por ejemplo como forma de agradecimiento por un “regalo”” electoral) y el carisma personal ha sustituido sustantivamente a la marca del partido (véase el caso de Pato Zambrano).

El primero se debe en general a un nivel socioeconómico mayor pero en particular a una clase media más inmiscuida, por necesidad, en los quehaceres del gobierno. Al entrar a la formalidad una importante cantidad de trabajadores de servicios, que correspondientemente pagan impuestos, se vuelven más indignantes las alegaciones de corrupción o incompetencia.

El voto de castigo fue evidente en muchas ocasiones, pero quizá más claramente en San Pedro, bastión del PAN dónde este ganó fácilmente la alcaldía pero perdió la gubernatura, no por que representaban mala opción, sino casi seguramente por un voto “util” en contra del PRI.

El segundo, es natural. Un partido, por definición, tendrá muchos candidatos y probablemente gobernantes a lo largo de su vida. El hecho de que es muy difícil no decepcionar como gobernante simplemente significa que la imagen del partido se va deteriorando poco a poco, mientras que cada candidato nuevo representa un “renacimiento” en los ojos del elector.

Esto sucede también en Estados Unidos, dónde la mayoría se dice ser “independiente” en afiliación partidista y vota por el candidato que más lo convence o tiene más carisma (case in point: Obama).

En corto, la elección servirá primordialmente para impulsar un proceso de adaptación en la manera de hacer política.

El hecho de que el voto de castigo esta aquí para quedarse (en Estados Unidos prácticamente es la única forma de votar) significa que una parte importante de esa estrategia tendrá que involucrar al acto de gobernar en sí mismo.

Es decir, así como la publicidad y la movilización hoy en día son piezas claves de una campaña, en un futuro será de primera importancia el pasado del candidato, particularmente su destreza en puestos públicos, cosa que es muy deseable.

En mi pensar, más que la marca de “independiente”, se observa que la ciudadania ya vota de manera más pragmática y en contra de un historial malo, lo que bien puede ser el cambio más bueno y profundo que salió a relucir en estas elecciones.

Referencia