• Publicado: 06 Jan 2015

  • Archivado en: EstadosUnidos, Sociedad

La locura es local

Creo que en pocas ocasiones en nuestra vida tendremos un ejemplo tan claro de lo que es una tontería económica como lo que está sucediendo en Estados Unidos (Venezuela es otro buen candidato, pero esa es otra historia). Desde el punto de vista macroeconómico, el dolor que se están imponiendo a si mismos los Congresistas Estadounidenses es francamente absurdo.

Pero desde el punto de vista político, tiene todo el sentido del mundo que hayamos llegado al final del camino. Para aquello menos obsesionados con el tema, en Estados Unidos, se permite, por ley, lo que muchos conocen como “gerrymandering”, que es básicamente la manipulación de las zonas electorales. Dependiendo el estado, cada cierto par de años, los políticos se juntan para decidir cuáles serán los límites geográficos de los distritos electorales. Esto obviamente ha hecho que algunos distritos sean prácticamente imposibles de perder por el congresista actual y ha dado pie a curiosidades geográficas como las siguientes:

El Distrito 12 de Carolina del Norte:

12d

El Distrito 11 de California:

11d

El Distrito 38 de California

38d

El Distrito 22 de Texas

22d

El Distrito 17 de Illinois

17d

Y finalmente, el que considero como la zona más astutamente planeada, el Distrito 4 de Illinois, en dónde la única conexion entre ambas extremidades geográficas es la carretera 294:

4d

Resulta obvio, pues, que lo que conviene para ganar en el Distrito 12 de Carolina del Norte o 4 de Illinois es ser lo más parecido, y por lo tanto extremo, a lo que las personas en ese distrito son. En cara a esta institución política, ser extremo paga electoralmente y por lo tanto se traduce a las locuras que hemos visto recientemente en el Congreso, en dónde algunos están dispuestos a causar una recesión a cambio de verse “defensores” ante los “socialistas” del otro bando.

Lo triste es que este circo no afecta solamente a los que estos congresistas representan, sino que tienen repercusiones inmensas en todo el país, inclusive el mundo. Como dirían los propios republicanos: los gobiernos también son personas y cuando mandas a su casa sin sueldo a 800 mil trabajadores, es claro que ellos y sus economías locales lo van a resentir. Una excelente recopilación de historias la tiene el Washington Post aquí, tales como las siguientes:

De Texas:

We are a small government contractor. We just completed the final quarter of the Fed’s fiscal year and we have about $300,000 in A/R that is not coming in because of the shutdown. Suppliers want to get paid. I’ve had to let go of 5 employees so far.

De Wisconsin:

I am a Federal employee. I’ve been furloughed (which is a nice term for unemployed without a chance to get UI benefits). If a deal isn’t reached soon that both sends me back to work and gives me backpay for the days I’ve missed, we will fall a month behind on our mortgage and other critical bills.

De Washington (el estado):

The closing of Olympic National Park in Washington State has affected those of us in aspects of the tourist industry - lodging, restaurants, shops, car rentals, etc. Our business is down by 40%.

De Virginia:

I am currently working 6 days/wk without pay. I am in the process of taking out a loan so that I can make my first mortgage payment. I went into public service because I wanted to help make this nation a better place to live. I never thought things would come to this.

Y así, continúan los relatos personales de lo que es la necedad económica más innecesaria y tonta que eh visto en mi vida. Claro, estoy a favor de un gobierno más pequeño pero esto no tiene sentido por dos cosas: 1) ¡Nadie se va ahorrar dinero en impuestos! El gobierno seguirá extorsionando lo mismo de la misma manera que antes, solamente que con un retraso en pagos para quienes tiene contratados y 2) si lo que se busca es reducir la carga del gobierno, esto se debe hacer de manera paulatina, para evitar una nueva recesión. Apagar al gobierno es como matar a un paciente de cáncer, solamente para decir que “eliminaste el tumor”.

Las consecuencias de tal estupidez ya se están haciendo notar y podrían golpear al crecimiento del PIB en una manera nada despreciable. Y ni se mencione que no se llegue a un acuerdo sobre el techo de deuda, porque eso sería francamente catastrófico, causando, a pesar de que los locos en poblados del sur no quieran aceptarlo, al menos una recesión mundial.

Así pues, las ramificaciones de lo que pasa de manera local en la política tienen implicaciones enormes que tendemos a menospreciar significativamente. Pero si en el norte la obsesión por hacer política local los ha llevado a tales extremos, en nuestro país la indiferencia ensombrece casi en su totalidad lo que puede suceder a nivel macroeconómico.

Un ejemplo clarísimo es el de los alcaldes y las ciudades. Las instituciones mexicanas están hechas de tal manera que el alcalde solamente tiene visión (máxima) de 3 años, por el tema de que no puede haber reelección. Por lo tanto, solucionar los enormes problemas que se tienen en las ciudades (como drenaje o transportación), terminan siendo tapados con una que otra tubería y un paso a desnivel, soluciones que son insuficientes para el tamaño de reto. ¿En que repercute en todo el país la incompetencia local? Pues es sencillo: según el INEGI pronto una mayoría sustancial del país vivirá en las ciudades (y ni se diga que estas producen mucho más por km que las áreas rurales) y por lo tanto la productividad del país está en función de la productividad local. Sin esfuerzos inmensos para mejorar las ciudades, el país seguirá gateando hacia la modernidad.

Nosotros, como los estadounidenses, en general, conocemos las soluciones a los problemas que tenemos. Sin embargo, falta cambiar los incentivos de los políticos, desde la localidad, para hacer que estos lleguen a ver la luz del día.

El riesgo de no hacerlo no solamente son mapas extraños y ciudades con tráfico, sino países en crisis económicas y la perpetua pobreza a la que nos estamos acostumbrando en México.