• Publicado: 27 Dec 2016

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Intervencionismo en la época de la hiper-democracia

La hiper-democracia que vivimos hoy en día, paradójicamente, hace más dificil que se cumpla el bien común, pues ha vuelto más dificil el trabajo de gobernar. Tomemos dos ejemplos paralelos para ilustrar: el caso de Carrier-Trump y el de la tenencia y gasolina en México.

Carrier-Trump

El arreglo que hizo el Presidente-Electo Trump con Carrier fue sin duda una brillante estrategia política. Aquí está, el señor que todavía ni entra al poder y ya salvo miles de empleos, simplemente con “negociar”, como dijo que haría en campaña.

Sin embargo, desde el punto de vista económico, quien realmente sale perdiendo es justamente el país que tanto le aplaude el arreglo. Unas semanas después del anuncio de Trump, Carrier dió a conocer que aumentaría los precios de sus productos y que además aún así tendría que despedir a cientos de trabajadores. Esto había estado planeado aún antes de Trump, pero es testimonio de lo difícil que es tratar de manipular las fuerzas del mercado. La historia nos dice que cuando se trata de hacer, en realidad suceden cosas contrarias a lo previsto (ver: Venezuela).

Con este acto, Trump probablemente abrió una caja de Pandora.

De pronto, las empresas de manufactura (por alguna extraña razón, el electorado valora más uno de estos empleos que de cualquier otra industria) tienen un enorme incentivo por automatizar (si no creen tener fuerza para negociar con Trump) o amenazar con irse (si creen que pueden extraerle algún beneficio al erario).

Ojo: Carrier comoquiera va a trasladar cientos de empleos a México, solamente que los que mantuvo en Estados Unidos traen unos incentivos fiscales nada despreciables.

¿Por que esto es malo para el país? Por, lo que diría Bastiat, “no se ve”. El costo de oportunidad de todos los incentivos fiscales que se necesitarían para hacer miles de tratos como el de Carrier es enorme. Sumale a eso las peores condiciones a los consumidores, por costos más altos, y te quedas con una pérdida económica enorme. Además, no estoy siquiera sumando algunos costos todavía menos cuantificables, como la perdida de productividad de la empresa por estar lejos de clusters especializados.

No obstante, esto que no se ve no se premia por el electorado y de ahí el éxito de varias políticas de Trump que económicamente no tienen sentido. La hiper-democracia hace que un personaje como Trump busque hacer lo que es popular, sin siquiera un vistazo a las consecuencias negativas.

Autos y más autos

En nuestro país las cosas no parecen enteramente más racionales.

Estos días, el talk-of-town es que la tenencia (impuesto al auto) se reducirá solamente en un 80% y que aumentará la gasolina entre 15% y 20% en enero. El enojo con el primer punto es que no se va eliminar por completo en el primer año (aunque esto jamas fue propuesto ni en campaña ni en la sesión de presupuesto del año pasado). Es decir, básicamente los ciudadanos de Nuevo León se quejan que va ser más caro manejar.

Pero retrocedamos el tiempo justo unos días antes, cuando el periodico El Norte publicó en primera plana una comparación de la calidad del aire de Monterrey contra el de Beijing, China. La indignación era visible. ¡Hagan algo! Clamaban a las autoridades los mismos que ahora quieren su gasolina a precio subsidiado.

En realidad es bastante sencillo: si quieres menos contaminación, debes incentivar energia y movilidad más limpia. El carro es movilidad sucia, entonces, por mera lógica, pensarías que debes desincentivar el uso del mismo. ¿Cómo? Impuestos y costos altos.

Desde el punto de vista del bien común, mantener (o hasta subir) la tenencia y el costo de la gasolina es lo racional por todas las externalidades que genera la contaminación. Sé que muchos vendrán con el argumento inflacionario. A ellos les digo: ahorrense las penas y lean un libro de política monetaria básica o esto.

En realidad, es un problema como el Carrier: lo que se ve contra lo que no se ve. Obligar a decidir a El Bronco, otro político altamente sensible a la opinión pública, significa que ganará lo que es políticamente popular.

De ahí que desde su campaña haya propuesto esto. Apoyar a la eliminación de la tenencia puede ser correcto desde el punto de vista cívico, como argumenté en su tiempo, pero debemos estar conscientes de que estamos tomando una decisión que colectivamente es equivocada.

Al final del día algo es claro: en esta época hiper-democrática, es muy fácil elegir a gobernantes que proponen intervenir en los mercados, con políticas que simplemente no nos benefician como sociedad. Es muy difícil (y autodestructivo) gobernar.