• Publicado: 24 Aug 2013

  • Archivado en: México, Macroeconomía

La evaluación no es la panacea

Mucho se ha dicho en el caso del deplorable sistema de educación mexicana y su falta de lo que los gringos llamarían adecuadamente “oversight” o evaluación. Durante gran parte de la semana pasada los maestros de CNTE causar dolores de cabeza a los capitalinos y asombro de los mexicanos que pensábamos haber visto todo.

Toda la batalla campal se reduce a un tema relativamente trivial: la evaluación de los maestros (que por cierto no afectaría ni un peso del salario de un maestro en al menos los próximos tres años.). La inmensa mayoría de los mexicanos sabemos dos cosas: primero, que las escuelas en este país cuestan mucho al erario y dejan resultados increíblemente débiles; y segundo, que la evaluación a los maestros es una necesidad.

Pero es importante reconocer también que es irreal empeñar toda nuestra esperanza de tener educación de calidad en una (media) evaluación. Lo cierto es que muchos países, como Estados Unidos, han sufrido con experimentos fallidos tratando de evaluar cada aspecto de los maestros.

Tomemos este ejemplo: en una carta abierta en el Washington Post, un maestro de preparatoria pide perdón a los profesores de Universidades por que acepta que sus estudiantes recién egresados están muy mal preparados para una carrera. En énfasis en la evaluación, dice el académico, se ha vuelto increíblemente difícil evaluar ensayos (es más fácil calificar exámenes de opciones múltiples), hay poco lugar para disentir en clase o poco espacio para que los alumnos aprendan a argumentar (aunque estén equivocados). El sistema funciona relativamente bien para algunas materias, como matemáticas, pero termina por afectar otras como las ciencias sociales o las artes.

Por otro lado, el Rand Corporation, un think-tank sin afiliaciones políticas en Estados Unidos ha estudiado el tema extensamente y ha encontrado algunos baches en el camino de la evaluación. De acuerdo con el Rand, puede ser increíblemente complejo cuantificar el efecto neto que un maestro tiene sobre un estudiante. Los exámenes, como los que se imponen en Estados Unidos a los alumnos, pueden subrepresentar o minimizar cualidades que son deseables en el mercado laboral como actitud ante el aprendizaje y además, son un indicador muy cuestionable para evaluar a un maestro, de acuerdo con el think-tank.

Ellos han propuesto medidas compuestas de diversas fuentes: exámenes, encuestas y otras maneras indirectas de medir a los maestros, pero creo que queda de más decir que el santo grial de la evaluación está muy lejano.

No es a mi pensar que la evaluación sea algo malo, por contrario, es urgente por lo menos saber la calidad de maestros que tiene el país. Pero al ver lo poco que hemos avanzado en el tema de evaluación, es obvio que para lograr el cambio que muchos están esperando, se necesita un mecanismo mucho más eficiente de “monitoreo”: el mercado.

Un programa de vouchers, imponiendo competencia a las escuelas, guiaría todos estos esfuerzos de una manera sensata (y francamente más barata). Pronto, las escuelas más exitosas aprenderían a balancear la evaluación por medio de exámenes con otras formas de “oversight”. El mejor juez no sería un burócrata en México sino cada padre, que decidiría con mucho mayor libertad a donde mandar a sus hijos.

De hecho, un Working Paper de NBER (Prina y Royer, 2013), ofrece algunas pistas sobre el rol de los padres en la educación y las normas sociales. Su experimento es ilustrativo porque se hizo en México y porque encuentra que mientras más incrementa el peso de los estudiantes (hay más alumnos con sobrepeso), y a pesar de informar mucho más extensivamente a los padres, les es más difícil “aceptar” que sus hijos tienen un problema. Es decir, como todo en la vida, los padres se acostumbran a niños más “gorditos”.

En vista de lo anterior, resultaría consistente con los resultados que los padres lleguen a “adaptarse” poco a poco a escuelas deficientes y niños con menos capacidades para aprender o innovar. Eso, en realidad, es justamente lo que propicia un sistema educación pública, siempre empeñado en mantener el status quo.

Los dejo con unas fotos…

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Fuentes y referencias