• Publicado: 12 May 2018

  • Archivado en: AMLO, Politica, Mexico, Elecciones2018

No estamos preparados para AMLO

La ironía de los últimos años de relativa estabilidad democrática es que nos han dado una falsa percepción de fortaleza institucional.

“Sí, tal vez puede tener ideas malas, pero no lo van a dejar hacer mucho” es un argumento bastante común entre recién simpatizantes de López Obrador. El otro es que “ya tratamos al PAN y PRI, tal vez se necesita algo nuevo”.

En los ojos de quienes saben que no tiene idea de lo que dice, pero que van a votar por AMLO, los próximos 6 años son un experimento que vale la pena intentar.

El problema es que ambos argumentos asumen que las instituciones son fuertes y el voto un acto racional. Si esto fuese cierto, claramente podríamos experimentar un líder radical, de izquierda o de derecha porque no haría mucho daño en su mandato y en el próximo ciclo electoral, los ciudadanos contrastarían promesas contra lo realizado y votarían por otro candidato o partido. Si AMLO estuviese postulándose para gobernar Suiza, Finlandia o Noruega entonces tal vez valdría la pena el experimento.

En México esto no es el caso.

Las instituciones siguen siendo muy frágiles: el Congreso vota siempre en línea con el partido y el ramo Judicial muy pocas veces reta al Ejecutivo. El hecho de que hayamos pasado por alternancia y además se hayan construido y respetado (dentro de lo que cabe) las instituciones, es un pequeño milagro que no deberíamos subestimar.

Bajo este contexto cualquier presidente (no solamente AMLO) ejerce mucho más poder del cual pensamos. En otras palabras, sí pasa algo si el próximo presidente no tiene idea de lo que está haciendo porque eventualmente si lo van a dejar hacer mucho.

“Bueno, pero si hace algo malo se va en 6 años o antes” me dirán los simpatizantes porque, claro, asumen que votamos racionalmente. Difiero bastante.

Veamos:

¿Soy el único que no ve lógica alguna en esto? ¿Porque es posible? Porque aún no logramos tener medios y electorado crítico.

López Obrador sabe moverse en estas contradicciones brillantemente. Entiende mejor que ninguno de los candidatos lo que mueve al Mexicano.

Por ejemplo, mientras todos los demás candidatos hacen maromas para vender un refrito de la estrategia de seguridad del pasado, AMLO rompe contundentemente. Aun y cuando su propuesta de amnistía es una locura, es diferente y audaz. Los millones que hemos sufrido con la delincuencia no podemos evitar tener esa pequeña esperanza de que tal vez es suficientemente diferente para funcionar.

Porque somos humanos y queremos tener esperanza, en algún punto empieza la duda “¿Y sí le doy el beneficio de la duda y tal vez si funciona?” ¡Y nos convencemos aún más pensando, “si no, lo corremos”!

Si México fuese un país con 400 años de cultura institucional sólida, medios independientes fuertes y un electorado extremadamente crítico, tal vez valdría la pena intentarlo. Desafortunadamente, no estamos preparados para un experimento de esta magnitud.