• Publicado: 12 Jun 2012

  • Archivado en: México, Macroeconomía

¿Qué es la inflación?, y el caso de los subsidios a la gasolina

Esta parece una pregunta sencilla, la respuesta de libros de texto sería “el alza generalizada de precios”. Sin embargo, una cosa es saber como se mide la inflación, que muchos conocen, y otra es entender que es como fenómeno, que lo causa y como se corrige.

A pesar de que hay uno que otro economista que no esta de acuerdo con la visión monetaria de la inflación, la evidencia empírica ha mostrado que la Teoría Cuantitativa del Dinero, en la que se expone que los precios son un fenómeno monetario, es relativamente consistente con la realidad.

Es decir, en el largo plazo, la inflación es causada por la cantidad de dinero que hay en la economía. Literalmente, billetes y monedas.

Si el Banco Central decidiera mañana imprimir el doble de dinero, habría el doble de billetes y monedas circulando y la misma cantidad de bienes en la economía, por lo tanto, cada uno de esos bienes costaría el doble, y tu billete valdría la mitad.

Es importante, pues, entender que hay una diferencia entre lo que la inflación es y como la medimos. Debido al proceso que explique anteriormente, podemos encontrar que una alza en precios es un síntoma del problema monetario que llamamos inflación.

Por lo tanto, calcular los precios de todos los bienes en una economía quincena tras quincena, como hace el INEGI, es metodológicamente correcto -pues todos los países del mundo lo hacen- pero es solo medir el síntoma más claro del desajuste monetario que es en realidad la inflación.

Es por esto que muchos argumentos sobre subsidios o apoyos o controles de precio deben ser desechados al instante.

Controlar el precio de los bienes, y menos de uno, no logra nada a favor o en contra de la inflación, pues se trata de un fenómeno monetario.

Cuando a un bien se le elimina un control estatal -por ejemplo, la gasolina- este se acercará a su nivel natural, es decir, el precio en el cuál la demanda coincide con la oferta (y por lo tanto, las valoraciones individuales tanto del productor como el consumidor). Si el precio del bien aumenta (como sucedería si se elimina el subsidio a la gasolina), debemos recordar siempre que es una alza de un precio relativo.

Es cierto que el precio de todo lo que involucra gasolina cambiará (dependiendo de la elasticidad, sin embargo, hay la misma cantidad de bienes en la economía y la misma cantidad de dinero, ergo, la inflación no tiene por que darse.

En la medición de la inflación, lo que muchos erróneamente asumen que es la inflación per se, se podría ver un efecto temporal.

No obstante, el cambio en precio relativo del bien que entro a cotizar a precios de mercado hará más atractivo otras opciones sustitutas, mismas que se verán beneficiadas con la nueva demanda.

Para poner un ejemplo concreto, si el precio de la gasolina en México, fuera liberado a precios de mercado, los servicios (por ejemplo, los transportes) que usan ese insumo aumentarán de costo (aunque la relación no es de uno a uno por el hecho de que existen consumidores con diferentes elasticidades).

El aumento de costo llevaría a los consumidores más elásticos (aquellos más codos, por así decir) a buscar alternativas (quizá caminar a lugares).

Debido a que menos personas valoran el bien que las empresas transportistas proveen (pues la valoración es menor al precio de mercado), resulta obvio que el sector -como un todo- tendrá que disminuir en tamaño (empresas cerrarían, etc).

Esto puede sonar malo, pero no refleja más que el simple estado en el cuál la economía debería estar bajo equilibrio. De hecho, mantener el subsidio es lo equivalente a pagar por ese mismo servicio, con impuestos que todos pagamos, pero de manera menos transparente, pues el costo no esta explicito en el mercado.

Además, la caída de una industria da cabida a un aumento en la demanda en otra, por poner un ejemplo: las bicicletas.

Si uno quisiera argumentar que los subsidios a la gasolina en México deben continuar, es erróneo usar a la inflación como preocupación principal, pues se trata de una afectación a los precios relativos no a la oferta monetaria (y estos no tiene nada que ver como causa de inflación).

Por otro lado, uno si podría argumentar que se perderían empleos a causa del ajuste económico. Sin embargo, se tendría que contrarrestar contra los empleos que se podrían ganar por el uso más eficiente de los recursos. Entonces se tendría que inventar alguna justificación por la cuál el empleo de un transportista vale más que un vendedor de bicicletas o cualquier otro en la misma situación.

Además, ese supuesto beneficio que obtiene la sociedad por mantener a los empleos transportistas debería ser mayor que el costo de oportunidad que se paga al no invertir esos recursos en proezas más productivas para el país, o simplemente en ahorro para los contribuyentes. Esto sin contemplar la llamada carga muerta, que se genera en cualquier situación en la que el estado distorsiona los precios relativos.

En pocas palabras, uno tendría que demostrar que es más benéfica para la sociedad la proporción de la industria que se “salvaría” manteniendo el subsidio que:

Parece un argumento bastante difícil de lograr.