• Publicado: 06 Jan 2015

  • Archivado en: México, Macroeconomía

Pemex y el Principio de Bonferroni

En el mundo de la estadística, existe un término conocido como el Principio de Bonferroni, que básicamente dice que si vez muy de cerca a ciertos datos, encontrarás la manera de “ajustarlos” a alguna hipótesis aun y cuando esta sea equivocada. En otras palabras, si no corriges a la información, puedes encontrar relaciones espurias entre variables aleatorias (es una especie de lo que los economistas conocemos como regresiones espurias).

El principio parece parte de una abstracta tecnicalidad estadística pero es bastante aplicable al caso más reciente de “fervor” político en el país: la reforma a Petróleos Mexicanos.

Hasta hoy, la mayoría de los pronunciamientos de todos los partidos políticos en este tema han sido cautelosos: evitando hasta extremos ridículos tocar el tema de “ventas” o “privatizaciones”, aun y cuando muchas personas conocedoras del tema (y muchas otras en puestos clave de la administración federal) saben que Pemex es un mounstruo que no se domará con un poco de reformas administrativas.

Los hechos son increíblemente sencillos de repasar: una empresa que se ha mantenido incluso más cerrada que la propia Cuba a tecnologias y al mundo, que es en algunos indicadores la más ineficiente entre las grandes petroleras y que es sangrada administrativa y financieramente por el gobierno federal.

Y además, que está trabajando bajo condiciones donde es cada vez más difícil extraer petróleo:

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Sin embargo, el sentido común y la plétora de estudios, expertos y datos han sido ignorados gracias a un peligro que los políticos y medios consideran como irremediable: la resistencia civil, encausada por Andrés Manuel López Obrador, que surgiría a partir de una reforma “radical” al sistema.

Regresando al Principio de Bonferroni, las manifestaciones y los minutos de tiempo aire que López Obrador, o cualquier otro político de izquierda, están previstos a ocupar ante una eventual reforma de Pemex son, a mi juzgar, una manera de intentar “ajustar” la información a una hipótesis previa equivocada.

La realidad es que, salvo el sindicato de la paraestatal y algunos extremistas de izquierda, existe relativamente poco interés entre la población general por mantener a Pemex bajo un esquema más cerrado que Cuba. No es un tema de vida o muerte para el ciudadano de a pie.

Es decir, las manifestaciones y demás demagogia que saldrá del PRD obedece más a una oposición que no sabe como serlo que a un interés genuino en el futuro del petróleo del país. Aun y si el petróleo ya fuese un producto totalmente privatizado y marginal en la agenda nacional, la izquierda encontraría otro tema espinoso en el cual volverse radical. En vocabulario estadístico, las manifestaciones que presuntamente vendrían con una apertura del sector son eventos aleatorios que están destinados a pasar en una democracia que todavía no sabe como dialogar. El caso de que se trata de Pemex es casualidad.

Dicho lo anterior, la opción optima sería ir por la privatización completa del sector y tratar a López Obrador y su camada como la anomalía estadística que son.