• Publicado: 04 Apr 2014

  • Archivado en: opinión, internacional

¿Los límites a la propiedad privada?

Hoy recibí un correo algo peculiar: IRIN está en proceso de “evaluar un plan de negocios” con el fin de poder mantenerse a flote durante el 2015.

Para quienes no saben, IRIN (Integrated Regional Information Networks) es una agencia de noticias especializada en crisis humanitarias, creada a partir de la falta de información que se observo a nivel mundial en la víspera del genocidio de Ruanda. Es en realidad un “proyecto” de OCHA (la agencia de la ONU encargada de coordinar las misiones humanitarias) y por lo tanto recibe sus ingresos de esta organización y sus principales donadores (DFID, Gobiernos, etc).

Sin embargo, las finanzas están apretadas en la ONU y han decidido no autorizar presupuesto más allá de este año, de acuerdo con el comunicado oficial.

Ante la situación, la agencia asegura que están estudiando “planes de negocio”, aunque eso signifique básicamente pedir sin parar a almas caritativas como yo. Es decir, en el mercado no parece haber demanda por estas noticias a pesar de que parecen ser increíblemente útiles para quienes defienden la idea de tener una agencia fuera del “mainstream” (IRIN inclusive ha ganado premios internacionales por cubrir la epidemia del SIDA extensamente).

Si es “útil” (basándonos en lo que dicen los expertos) pero nadie quiere pagar por ello, ¿Se trata entonces de un bien público (y por lo tanto debe subsidiarse por medio del tesoro público)? ¿Es la mala cara del capitalismo privar a la humanidad de noticias con sustancia?

En realidad el problema no está en la propiedad privada o el capitalismo, sino justamente en el ambiente que los subsidios han creado alrededor de los “mercados” de caridad.

Claramente IRIN provee un servicio útil para alguien: las propias organizaciones de caridad. Al informar a la ciudadanía, los medios crean demanda por los servicios de una organización de caridad. Nadie donaría a solucionar un problema del que nunca han escuchado, pero cuando un desastre natural (aunque sea relativamente pequeño) es transmitido fuertemente por los medios, las donaciones fluyen.

Bajo esta manera de verlo, tiene excelente sentido que las ONG’s demanden una agencia especializada en noticias humanitarias, y con el ello estaría IRIN en un nicho de mercado bastante cómodo.

La tragedia está en que jamás se les ha permitido a las ONG’s siquiera asemejarse a empresas privadas. Se les recorta a niveles mínimos inversiones que otras organizaciones harían sin pensarlo, por ejemplo en comunicar su valor o en diferenciar su producto. Los generosos subsidios de gobiernos y organizaciones mundiales tampoco ayudan, por que han creado entes que solamente saben pedir pero no competir por un pedazo de su mercado (aun y cuando estemos hablando de donaciones).

En realidad espero que IRIN encuentre una manera de comercializar su aportación a la humanidad, pero no me sentiría extrañado ni triste si las circunstancias no se lo permitieran.

La culpa no es del capitalismo o la propiedad privada, sino de un sistema que se empeña en ver con ojos moralistas a las empresas. La realidad de la situación es que los subsidios públicos, en presunto favor de la caridad, a la larga nos han hecho más difícil lograr las metas sociales que muchos compartimos.