• Publicado: 06 Jan 2015

  • Archivado en: México, Microeconomía

Navidad, Aguinaldos y Productividad

La mayoría de las personas suelen opinar que los aguinaldos son un “motor” para la economía y por lo tanto son algo beneficioso. Sin embargo, tras un poco de reflexión podemos asegurar que no son tal cosa y que tal vez incluso todo el fenómeno de la navidad (fuera de su componente religioso o emocional) es hasta perjudicial en términos económicos.

Por uno, es necesario entender que los sueldos -de hecho cualquier transferencia económica de parte de una empresa a un trabajador- provienen directamente de la productividad del segundo. Uno no puede argumentar que el aguinaldo no es un sueldo, simplemente que este se da en una cierta época del año. Es lo equivalente a que te descuenten una porción por mes de tu sueldo, te la ahorren y te la den en navidad. ¿Qué sería sin una ley que regule el aguinaldo? Simplemente las empresas pagarían ese “extra” de manera diluida puesto que el pago anual por la productividad sería el mismo.

Recordemos que el mercado está en equilibrio con la existencia del aguinaldo y que las empresas toman las decisiones de contrataciones también en base a esto, por lo que el argumento de que estas simplemente no pagarían ese “extra” no es válido, puesto que eventualmente se llegaría al mismo equilibrio con o sin el pago anual grande.

Ahora, ¿Qué tiene de mejor o peor que el dinero que obtenemos por nuestro trabajo no sea diluido sino dado de un solo golpe al final del año?

Una serie de estudios de economía del comportamiento (y la simple experiencia de todos) pueden atestiguar a que tomamos mucho peor decisiones económicas con una cantidad relativamente grande de dinero (todavía más si se ve como un “regalo” de fin de año).

En pocas palabras, es fácil terminar gastando en cosas que no son óptimas desde el punto de vista económico del individuo tales como regalos innecesarios, viajes costosos, etc. Recalcaré el punto de que depende del individuo: para mí un auto deportivo es algo inútil, pero hay personas que disfrutan mucho tenerlos. El individuo que disfruta del coche está actuando de manera óptima si gasta su aguinaldo en uno, sin embargo si yo lo hago, estaría usando el fruto de mi trabajo de manera ineficiente.

Es decir, una condición necesaria para la eficiencia es que el individuo gaste consistente a sus gustos. Pero gracias a nuestra manera de reaccionar a un “regalo” (en este caso el aguinaldo) se termina por romper esa consistencia y acabamos gastando nuestro dinero en cosas que nos hacen menos feliz que el óptimo.

Desde el punto de vista global (al que aluden quienes argumentan que la navidad es un “motor” de la economía), tampoco tiene mucho sentido: no se está creando productividad per se por el hecho de gastar lo que ya se ganó por la productividad de todo el año. De hecho, considerando que esa misma proporción de gasto anual podría hacerse de manera más eficiente, incluso podríamos (aunque habría que estudiarse más de fondo) decir que la navidad es perjudicial para el crecimiento de la productividad y por ende del bienestar general.

Claro, todos los argumentos previos asumen que la navidad por si sola (las posadas, cenas familiares y comida que caracteriza a esta época del año) no aportan a la felicidad del individuo. Si como sociedad valoramos más estas segundas que el costo de perder eficiencia económica, entonces estamos actuando de manera racional.

Es decir, si uno asegura que la navidad es algo bueno, no está necesariamente equivocado, solamente que el argumento económico no se debe usar para tal tarea.