• Publicado: 21 Apr 2017

  • Archivado en: economía, nacional, microeconomía

Turbulencia Innecesaria

La reforma a la Ley de Aviación Civil propuesta en México, que ya ha sido enviada al Senado, parece como un “alivio” para los pasajeros, pero tiene todos los aspectos del problema con el marco regulatorio en el país: es pensada para arreglar un problema particular y parece bastante discrecional. Hay maneras más market-friendly de hacerlo.

Abundo sobre los tres puntos a continuación. Según el diario El Financiero,

En detalle, el dictamen estipula 10 derechos de pasajeros, entre los cuales destacan que el pasajero podrá transportar 25 kilogramos en equipaje cuando los aviones tengan 20 lugares o más y 15 kg si son de menor capacidad. Además las aerolíneas ya no podrán hacer un cobro adicional cuando un pasajero quiera elegir su asiento, confirmó el diputado Jonadab Martínez García de Movimiento Ciudadano quién mencionó que con esta reforma, “se homologa el costo del boleto, por lo que ya no existirá un cobro adicional”.

Primero, analicemos la razón detrás de la ley. ¿Por qué tanta premura por este tema? No cabe duda que nuestros Honorables Diputados y Senadores son clientes frecuentes de las aerolíneas y han sufrido los estragos que todos nosotros: retrasos, costos adicionales, etc. De hecho, este artículo (bastante arrogante, en mi opinión) resume la idea detrás del “servicio malo” al que aluden los diputados (énfasis mío).

Doce años después de la apertura la pregunta es si hoy el servicio es igual mejor o peor. La respuesta depende de la aerolínea, pero en general es peor.

La demanda creció desorbitadamente sin que existiera la oferta de asientos suficientes, lo que hizo que la mayoría de las aerolíneas hicieran del servicio lo que quisieron.

Los retrasos y las cancelaciones de vuelos crecieron y la sobreventa de boletos. El servicio abordo desmereció, se achicaron los espacios entre asientos para dar cabida a más pasajeros, se cancelaron alimentos y la competencia de precios obligó a eficientar todo en perjuicio de la comodidad de los pasajeros.

Sí, se transportaban más, algunos a mejor precio, pero la calidad en el servicio, aún para los clientes elite, acabo prostituyendo incluso el privilegio de ser viajero frecuente. Cualquiera con una American Express o una Santander se adjudicaba los privilegios.

Pero que un mercado no funcione correctamente para un usuario no es necesariamente a) un problema y b) un problema regulatorio.

Pongamos el ejemplo de los bancos. Personalmente, detesto la idea de tener que cargar con un token para poder hacer transacciones, pero este aparato está ahí por regulación oficial. En teoria, una regulación más laxa en ese aspecto pareciera que sería mejor para mí, pero esto no necesariamente sería verdad para todos. Tal vez la seguridad que provee el token ha permitido a los bancos ofrecer sus servicios a más clientes y a menor precio. ¿Es una lata adicional para mi usar un token? Sí, pero el mercado en su totalidad funciona mejor porque abarca a más personas.

Esto es lo mismo en el caso de las aerolíneas: el tráfico aéreo ha crecido a ritmos muy saludables (lo que no es lo mismo a un boom en demanda, como alarde el autor citado, pues veríamos más alza en precio que en cantidad).

industria en crecimiento

¿Esto es malo? Para los acostumbrados a viajar a la antigua, sí. Para otros que prefieren viajar a un costo bajo, ¡claro que no! ¿Es un problema regulatorio? ¡No! Consistentemente en las encuestas de preferencias a consumidores, el principal factor que consideran al momento de escoger una aerolínea es el precio. Las aerolíneas solamente están haciendo lo que el mercado le está señalando: baja el precio a expensas de la calidad. ¿Por qué tendríamos que intervenir?

Segundo, la ley parece bastante discrecional (de El Financiero):

Según el dictamen, por demoras de entre dos y cuatro horas, las empresas darán un ticket con descuentos futuros de 7.5 por ciento en el costo total de un boleto de avión; en el caso de que el retraso sea de más de cuatro horas, la aerolínea dará un reintegro más un reembolso de 25 por ciento del costo del vuelo.

Esto es, claro, si la causa es atribuible a la aerolínea. No sé ustedes, pero se me hace una buena oportunidad para de pronto empezar a declarar “condiciones climatológicas adversas” aUn cuando haya cielos óptimos. ¿Y sí los servicios aeroportuarios tienen fallas? ¿Qué es algo enteramente atribuible a la aerolínea? ¿Y por qué el 25%? ¿Por qué no 15 o 30? ¿Quién o como se decide cuando se tiene que hacer el pago de reembolso?

En corto, esta reforma parece algo con intención de solucionar un problema de muy corto plazo, que no es problema regulatorio per se.

Si la intención era generar mejores condiciones para el viajero, es importante ver las causas y la estructura de la industria. Sin ser un experto, se me ocurren unas cuantas:

Es importante notar que la reforma también adiciona algunos capítulos referentes a la inversión extranjera en el rubro de aviación civil.

Pero con un estado acostumbrado a usar a la industria como caja chica y que además sin pensarlo está dispuesto a entrar a legislar hasta los detalles más mínimos de su operación, dudo que México se convierta mañana en un destino muy atractivo de inversión.


Aquí está el código para replicar la gráfica en R. Fuente: INEGI.