• Publicado: 18 Jan 2012

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El Impuesto de Cuerpo

La persecución hacia Judíos va mucho más allá del Holocausto. Como ya comentaba en otra entrada, durante miles de años, los estados Cristianos en Europa sistemáticamente imponían a los Judíos restricciones y abusos.

Leyendo una biografía interesante, me tope con más ejemplos dignos de señalar. A pesar de que “The Mendelssohns” es un libro enfocado en las tres generaciones de genios que emanaron de la familia Alemana “Mendelssohn” (Moisés (1729-1786), filosofo; Abraham (1776-1835), filántropo y banquero y el más famoso, Felix (1809-1847), el compositor), el autor palpa el ambiente prevaleciente en contra de los Judíos con una serie de ejemplos que hoy consideraríamos infames.

El primero empieza a los catorce años, cuando Moisés partió a Berlín en busca de mayores conocimientos y oportunidades. En ese entonces, los Judíos vivían en guetos dentro de las ciudades, (un modelo urbano atroz que repetiría Hitler cientos de años después), lo que hacía la movilidad social casi imposible. Al llegar a la gran ciudad, el joven se vio obligado a desembolsar todo el (poco) dinero que tenía para pagar el leibzoll, un impuesto al “cuerpo” de los Judíos. Solo ellos y los animales estaban obligados a pagar al entrar a una ciudad, los primeros a tasa mucho mayor.

El impuesto fue lo de menos. La vida de Moisés, se decidía en gran medida por el monarca en turno (en este caso Federico el Grande) pues dividían a estos en tres categorías: “Judíos de Corte”, quienes vivían con pocas restricciones al ser empleados por el Rey para sus asuntos financieros; “Judíos Protegidos”, quienes se les garantizaba el derecho a vivir en la ciudad; y “Judíos Tolerados”, la gran masa que eran todo menos “tolerados”. El protagonista, claro, encajaba en la última categoría y solo el monarca podía alterar ese estatus.

Cuando Moisés cumplió 21 años, el Rey Federico promulgó una serie de leyes con la intención de regir la vida de Judíos “tolerados” de Prusia. Según las leyes, solo podía haber un rabino, seis excavadores de tumbas, tres carniceros, un doctor, dos imprentas, y dos maestros para Judíos en Berlín. Lo anterior creó monopolios en casi todos los servicios y encareció la vida de la noche a la mañana, creando más pobreza en los guetos. Todavía peor, la comunidad en general era legalmente responsable por la irresponsabilidad de cualquier individuo que no pagará sus impuestos.

Incluso los Judíos “protegidos” no escaparon a la irá de Federico. Promulgo la separación de la categoría en dos: los “regulares” e “irregulares”. Para estos últimos no estaba permitido tener hijos, lo que obligó a muchos a emigrar o vivir en las sombras.

Cuando Moisés se casó, todo Judío estaba obligado a hacer una compra sustancial de vajillas de la fabrica real. Así pues, gracias a otra ley injusta, el cliente renuente del Rey vivió mucho tiempo sin muebles pero con una vajilla completa, aunque fea e inútil.

Empero gracias a sus conocimientos, obtenidos por estudio propio (los Judíos tampoco podían asistir a escuelas o universidades), Moisés llegó a ser de los pocos Judíos que lograron escalar la pirámide social. En el clímax de su vida, era considerado un gran escritor, critico y filosofo.

A pesar de ser un gran sabio de su época (era amigo de Goethe y Kant), y vivir relativamente cómodo, Moisés tardo en tomar un rol activo en promover su religión o atacar a las injusticias cometidas contra ella. Era un Alemán antes que Judío (fue el primero de estos en leer la Biblia en Alemán) y consideraba como útil mantener al estado y la iglesia separada.

Incluso desechó la idea de formar un país, como el actual Israel, basado en la noción de que sería prácticamente imposible lograr desde el punto de vista financiero. Sin embargo, durante los últimos años de su vida pudo escribir y convencer a diversas figuras importantes a reconsiderar las leyes en contra de los Judíos, incluyendo a José II de Habsburgo, quien elimino los impuestos al cuerpo.

Además, sus escrituras fueron un fundamento importante para la Revolución Francesa que tomo a la “igualdad” y la “libertad” como unos de sus mantras, cosa que los Judíos Europeos no disfrutaron por mucho tiempo.


Fuente

- Kupferberg, Herbert. "The Mendelssohns". New York, 1972.