• Publicado: 09 Oct 2015

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The Martian (Review)

The Martian (Operación Rescate) no es un película parecida a sus antecesores de género, y aunque tiene un aire tranquilo y fresco, también le falta profundidad.


Contiene ligeros spoilers


No juzgues al inicio

Los primeros minutos de la obra nos recibe con una dosis de sentimentalismo estelar, propio de este género. Un equipo con sus “chistes” y dinámicas de juego (al parecer, según Hollywood, una condición necesaria para ser Astronauta es tener un sentido de humor muy gringo) y un accidente que nadie en la tierra – a pesar de que lograron poner una tripulación en Marte– tenía previsto.

Pero las semejanzas con sus antecesores se detienen tras esos pocos minutos de caos.

Aunque podríamos esperar que en un terreno tan desconocido como Marte, podrían abundar las catastrofes o sorpresas, el director hace lo suyo por mantener la película serena. No hay suspenso e incluso la tragedia más grande de la expedición, cuando pierde su cosecha, luce por su fragilidad: no necesitó de una tormeta épica para acabar con todo, en cuestión de segundos su sueño de sobrevivir se esfuma.

No te aburres, pero el atractivo no es “flashy”, sino intelectual: ¿Cómo hará agua? ¿Las papas brotarán? ¿Podrá comunicarse?

La mayor virtud de la película es que evita caer en los vicios de su género. Podría ser muy llamativo protagonizar una caída de un meteorito, por ejemplo, pero se opta por mostar lo que más probablemente sería esta hipotetica lucha: un enorme experimento cientifico.

Intenta, y a grandes rasgos logra, evadir la grandiosidad de los gringos, dando incluso una pequeña cabida a los Chinos, mediante la cooperación para usar un cohete que solo ellos pueden fabricar.

A su vez, los personajes al frente de la NASA, que comúnmente se tachan de incompetentes o políticos, son un poco más profundos que lo acostumbrado.

Por ejemplo, el director, (interpretado por Jeff Daniels) es un manager más templado que los que han ejercido ese mismo rol antes, como me imagino debe suceder en la vida real. Daniels cuidadosamente guía a la opinión pública y vela por los intereses de la agencia sin ser el típico político que no entiende a los “cientificos”. Es muy fácil en este género caer en ese juego, kudos por evitarlo.

Quizá el único tropiezo en este sentido es poner al excéntrico Donald Grover (Troy Barnes en Community) como un científico desquiciado. Que un especialista de la NASA no duerma y tenga brotes de genialidad como para reformar un programa espacial de miles de millones de dólares juega derechito en los clichés de Hollywood.

De una agencia obsesionada por la prevención, más creíble hubiese sido un “Plan C”, creado años atrás, que una “idea” gestionada de la nada.

¿Y los actores?

En línea con el tema de soledad presente en la película (el New Yorker postula que Robinson Crusoe es un referente natural para el director), todos los actores pasan a segundo plano.

Matt Damon hace un buen trabajo personificando a un botanista, pero nada fuera de este mundo.

¿Dónde está el breakdown? ¿Apoco sería tan fácil simplemente empezar a vivir en otro planeta? El solitario astronauta nunca llora, grita o se deprime. Al final, rumbo al rescate, hay un momento, pero ya es muy poco y muy tarde.

En cambio, tomemos el ejemplo de Gravity: la fragilidad y el miedo de los dos astronautas es evidente casi en cada momento de la película. Sientes el miedo de Bullock y su resignación durante los momentos más difíciles, en The Martian, todo parece ser un pequeño reto, superable con buen humor y actitud.